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qui茅nes somos?
A lo largo de los a帽os transcurridos desde su fundaci贸n en 1931, el Club Nataci贸n Sevilla ha sido innovador adalid del deporte sevillano, tanto en la formaci贸n en valores de su juventud como de la convivencia fraternal y solidaria.
Una breve mirada hacia atrás en la historia del Club Natación Sevilla pone de manifiesto que su nombre inspira valores de honda significación social y humana. A lo largo de los años transcurridos desde su fundación en 1931, el Club Natación Sevilla ha sido innovador adalid del deporte sevillano, tanto en la formación en valores de su juventud como de la convivencia fraternal y solidaria.
La propia gestación de la idea de este Club es ya un hito de innovación pues, en el verano de 1930, ocurrió que algunos socios del Club Natación Barcelona establecidos en Sevilla, se agruparon y constituyeron la Peña de Andalucía entorno a una alberca que había en el barrio El Cerro del Águila en la calle Piscina, a la que debe el nombre. Cuenta R.G. Laforet en el diario AS de 29 de abril de 1935 que: “Las gentes ven llegar a unos señoritos que no van a lavarse. El primer día, extrañeza, regocijo; luego, el dueño de las piscinas se escama, la clientela protesta... Se produce una miaja de jaleo; las gachís de ojos negros se extasían contemplando cuerpos vigorosos y atléticos de nadadores. Al final, tuvieron que recoger los bártulos». Fruto de aquella excentricidad de estos “sportmen” nació el Club Natación Sevilla en un espléndido día de 1931 con una vocación integradora hacia una ciudad comunitaria. Desde el primer momento formó parte del paisaje, uso y costumbres de nuestra ciudad y su río. No por casualidad, el nacimiento del Club Natación Sevilla coincidió con la inauguración en verano del año 1931 de la Piscina de Playa. La explotación empresarial de la piscina ubicada en Los Remedios necesitaba de aficionados y los socios del Club, de un lugar para su desahogo deportivo. Así, las condiciones para una simbiosis entre aquel empresario y los más de doscientos socios del Natación estaban servidas y, fruto de la cual, quedó activado un patrimonio que prestaba sus servicios gracias al entusiasmo de nuestros ancestros.
Por intereses comerciales, hubo de abandonar el río. En tal circunstancia el Club Natación Sevilla dio ya muestras de su disponibilidad y utilidad para poner en valor y rentabilizar el patrimonio público. Precisamente, en 1935 fijó su residencia en la calle Trastamara en donde, al socaire de la Exposición Iberoamericana de 1929, se había levantado una piscina cuya situación, entre el Guadalquivir y el Casco Antiguo, fue envidia de la ciudad. La instalación deportiva, pequeña pero suficiente para el ánimo deportivo imparable de nuestros predecesores, se reducía a una piscina al aire libre de 25 x 11,30 metros y una terraza solario donde los socios montaron una canasta de baloncesto, un saco para hacer puños, una mesa de ping pong y varios aparatos gimnásticos.
A partir de entonces la entidad quedó incardinada profundamente en la sociedad civil sevillana, convirtiéndose en referencia del deporte amateur andaluz. Atrajo a todos los deportistas; boxeadores, nadadores y piragüistas proporcionaron la levadura cuyo fermento aún perdura. Fue laboratorio deportivo a un nivel inverosímil en aquella Sevilla de la posguerra e, incluso, algunas de sus actividades tuvieron gran impacto mediático, que es como ahora llamamos a lo que entonces se decía salir mucho en los periódicos. Fue especialmente paradigmática en este sentido la Travesía del Río Guadalquivir organizada anualmente, entre otras entidades, por el Natación Sevilla. El Río, de nuevo el Río como una vocación atávica, escrito con mayúscula y sin apellido, pues así lo decimos los andaluces.
La altura de miras, el espíritu de servicio a la comunidad, en particular para la formación física y ciudadana de los jóvenes, quedó patente cuando el Club Natación Sevilla miró por encima de sus muros para fijarse en los niños sevillanos proponiendo unos cursillos de natación con los objetivos de librarlos de un riesgo cierto y garantizar el relevo generacional de los nadadores. En esta dinámica estaban presentes el espíritu de sacrificio y el esfuerzo como forma de alcanzar los objetivos. En 1955 la Delegación Nacional de Educación y Deportes otorgaba una placa de bronce mediante la cual reconocía la labor desarrollada a favor del deporte y luego, en la década de los años 60, alcanzando su cenit deportivo, en reconocimiento de lo cual fue galardonado con la máxima distinción deportiva: la Copa Stadium.
Pero, ya entonces, el Club de deporte amateur que paseaba el nombre de Sevilla por toda Andalucía y España tenía dos graves problemas. Uno era la falta de espacio. El segundo, que la piscina, al ser descubierta, perjudicaba la preparación de los nadadores. En 1974, en una empresa titánica para el potencial económico y de gestión del Club, se logró cubrir la piscina y reformar las instalaciones. No obstante, aquel logro felicísimo ocultaba una rémora que aún lastra el adecuado desarrollo social de una entidad nacida para aportar su cuota a la vertebración social de Sevilla: la convivencia entre los socios languideció pues las instalaciones, concebidas para rentabilizar al máximo la faceta deportiva de los espacios, convirtieron el Club vacío de relaciones personales, más allá de compartir una calle de la piscina o un aparato en el gimnasio. El primero de los problemas mencionados seguía vigente y, con la solución del segundo, vino otro aún pendiente.
Este Club, nacido entorno a una alberca junto al río para adquirir después un carácter urbano, mitigó los frustrados anhelos deportivos de tantos, fue escaparate de Sevilla y se convirtió en un modelo de estimulo del progreso a través de la cultura deportiva, no ha de inventarse un rancio pasado glorioso para exigirse un viejo afán: volver al lugar donde nació con una vocación de servicio a la sociedad y formación en valores de la juventud.
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